-Has hecho justo lo que debías hacer. Te has enfrentado tú sola a una muy peligrosa mafia, sin saber si tenían refuerzos, sin saber si tenían armas, ¡sin saber nada! Has arriesgado tu vida por mí, ¿te parece poco? – César tenía razón… Supongo que no muchas personas harían lo que yo si estuviesen en mi situación. Tragó saliva y continuó…- Laura… Yo nunca dudé de ti. Supe, desde el primer momento, que si estaba en peligro me ayudarías y qué harías todo lo que estuviera a tu alcance. Cuando te vi asentir con la cabeza al trato de Ángela, pensaba que en realidad ibas a dejar que te matara, y te juro que mi corazón casi se para en el momento. Cuando me caí al agua, pude coger aire, pero no lo hice. Rezaba para que no te pasara nada, pero algo me decía que Ángela se las arreglaría para quitarte de en medio y yo no quería seguir viviendo sin ti… Perdón por ser tan idiota…- César comenzó a llorar, cosa que me apenó mucho. Deslicé mi mano por su brazo, y le hice mirarme secándole las lágrimas.
-Para nada has sido idiota. Eres la persona más valiente que he conocido en mi vida, y hare todo, las veces que haga falta para poder estar contigo de nuevo y verte sonreír. Porque tú eres mi vida entera, y si por cualquier cosa dejo de estar contigo, me moriría.- César sonrío y me besó.
Tras un rato, ayudé a César a levantarse y nos acercamos al charco de sangre que rodeaba el cuerpo de Ángela y su cómplice. Noté el escalofrío que recorrió el cuerpo de César, y no pude evitar llorar ante aquella situación. Me abracé a César, él me arropó con sus brazos y me dio un beso en la frente. Nos sentamos en el suelo, apoyándonos en la pared de una caseta que algún día había servido para algo. Más tarde, se presentó el cuerpo de policía y dos ambulancias.
viernes, 7 de octubre de 2011
Capitulo 7.
Capté el mensaje a la primera. Aquella chica no parecía tener un pelo de tonta, sabía lo que hacía… Los esfuerzos de César por impedirlo fueron completamente innecesarios. Bajé la mirada. Tras unos segundos en los que podía oír muy bien latir el corazón de César, miré a Ángela y asentí con la cabeza alzando los brazos a la altura de mi cintura y dejándolos caer. No era capaz de mirar a César a los ojos, pero él parecía atento a todo lo que pasaba. Miré como Ángela avanzaba un metro. Se volvió para ver a César y esbozó una sonrisa entre dientes a medida que se colocaba en la posición inicial. Comenzó a correr con aquel cuchillo en la mano. Yo no tenía miedo, tampoco saqué las pistolas ni me moví hacia ninguna dirección. En cuanto me di cuenta, el misterioso hombre de negro me estaba agarrando fuertemente las manos. Veía el rencor de Ángela en sus ojos negros como el carbón. Apenas le faltaban 3 metros aproximadamente para que el cuchillo que comenzaba a alzar se introdujese en mi cuerpo. 2 metros. Lancé una patada hacia atrás con el propósito de liberarme de aquel hombre que me impedía hacer movimiento alguno. Lo logré, y apenas a medio metro, Ángela se abalanzó con fuerza empuñando fuertemente el cuchillo. Aquél arma había atravesado el cuerpo dejándolo caer. El cuerpo de aquel hombre. Ángela no cayó al suelo, y sin perder ni un segundo, cogió una tubería de plomo que estaba situada al lado del hombre al que había acuchillado y que, bañado en su propia sangre, se estaba muriendo. Sin pensármelo dos veces, saqué las pistolas, y una en cada mano, apunte a Ángela. Justo cuando se acercaba, disparé, pero ella había sido más rápida y desvió los cañones a tiempo. La bala que debería haber impactado en el cuerpo de aquella chica, se incrustó en unos barriles inflamables que explotaron y prendieron llama en varias cajas y maderas que habían dejado los que antes utilizaban el muelle para dar un paseo por el lago. La otra bala lanzada por la otra pistola, impactó justo con una de las patas de la vieja silla en la que se encontraba César, y este cayó al agua atado y amordazado. Al ver lo que acababa de suceder, apunte y dispare tres veces. Estas tres balas, atravesaron el cráneo de Ángela, que cayó desplomada al suelo. Tiré las pistolas, y comencé a correr hacia el final del muelle mientras me sacaba la chaqueta que llevaba puesta. Me tiré de cabeza al agua en busca de César. No veía nada, puesto que casi era de noche aunque el fuego que había provocado iluminaba pequeñas partes que aquel lago. Por fin divisé a César, estaba casi llegando al fondo, y parecía inconsciente. Cuando llegué junto a él, intenté desatarlo, pero estaba atado muy fuertemente y con tanta presión era incapaz de desatar aquel nudo. Tras varios intentos, lo logré liberar y lo llevé a la superficie. Lo agarré y lo subí al firme suelo del muelle. Tras coger un poco de aire, le hice el boca a boca, dándole presión en el pecho. César comenzó a toser y enseguida abrió los ojos. Me miro fijamente, giró la cabeza y sonrió. No había nadie más en aquel insólito muelle. Estábamos completamente mojados y teníamos mucho frío. Aun ardían las cajas y tablas que habían prendido con la explosión. Tras comprobar que César se encontraba bien, le comuniqué que llamaría a la policía. Soltó una carcajada y me dio una clara respuesta llena de razón…
-¿Cómo vas a llamar si te has tirado al agua con el móvil para salvar al hombre de tu vida? Ven, creo que… ¡Te debo más de quince reencarnaciones por lo menos! A no ser que no te conformes con algo más simple… No se…- Me hizo mucha gracia aquella contestación que no me esperaba... Le ayudé a incorporarse y me senté en su regazo.
-Eres impresionante… ¡Estás a punto de morir y ni aún así pierdes ni una pizca tontería! Perdóname por no haberte hecho caso, hemos estado a punto de morir…- César me interrumpió.
-¿Cómo vas a llamar si te has tirado al agua con el móvil para salvar al hombre de tu vida? Ven, creo que… ¡Te debo más de quince reencarnaciones por lo menos! A no ser que no te conformes con algo más simple… No se…- Me hizo mucha gracia aquella contestación que no me esperaba... Le ayudé a incorporarse y me senté en su regazo.
-Eres impresionante… ¡Estás a punto de morir y ni aún así pierdes ni una pizca tontería! Perdóname por no haberte hecho caso, hemos estado a punto de morir…- César me interrumpió.
Al día siguiente, me desperté temprano con la esperanza de ver que César había vuelto, pero por desgracia, no fue así. Miré el móvil, encendí el ordenador para ver el correo, miré el buzón; nada. Me vestí y posteriormente desayuné. De súpeto, sonó mi teléfono móvil, con un nuevo mensaje de Ángela y cifrado, para no variar; “OZ-IBK-V-XZÑV-V-RZI-VG-HPZGGZ-V-GVÑ- 17:00” Corrí nerviosa hasta el escritorio en busca de papel y lápiz para descifrar el nuevo mensaje. Con tantos nervios, tardé en hacerlo, pero finalmente lo hice. El mensaje decía lo siente: “Tengo a César, ven al muelle a las 17:00” Ángela me estaba citando, ¿para qué? Un escalofrío recorrió mi cuerpo, impidiéndome pensar en algo que no estuviese relacionado con aquel gran problema que era cada vez más grande e inminente. Fui a la cocina a por un vaso de agua, cuando el silencio se esfumaba dejando oír la melodía del teléfono móvil de nuevo. Esta vez era un mensaje de César, y no estaba cifrado; “No vallas, ¡es una trampa! Intentaré escaparme de aquí cuanto antes, no te preocupes. Te quiero.” ¿Qué debía hacer ante aquella situación que se presento sin ni si quiera preguntar si estaba preparada para afrontarlo? Intenté pensar por un momento como la persona adulta que era, pero todo lo que estaba sucediendo me lo impedía. Traté de relajarme, cogí aliento y me dispuse a tomar una importante decisión. Por una parte, Ángela me esperaba a las 7 de aquella misma tarde, pero por otro lado, César me dijo que no fuera, que era una trampa. No quería pensar en las consecuencias si decidía no acudir, a si que decidí asistir pese a la advertencia de César. Estaba claro que no podía ir desarmada, a si que pensé en cómo hacerme con algo que pudiera usar en caso de que las cosas no transcurrieran como deberían. En aquel momento, me acordé de la colección de pistolas recortadas que le había regalado el abuelo del pueblo a César. Busqué en el archivador, en el armario, debajo de la cama, en el salón, pero no encontré nada. Entonces, me vino a la mente un vago recuerdo de unos días anteriores en los que César me dijo que las había guardado en el trastero porque no sabía dónde ponerlas exactamente. Apenas faltaban 20 minutos para el esperado encuentro en el muelle, así que me vestí, cogí las llaves del trastero y fui en busca de las pistolas. Subí las escaleras de dos en dos, y así los cuatro pisos hasta llegar a los trasteros. Busqué la puerta del 3º C que parecía estar a final de un túnel que nunca acababa, y cuando por fin llegué, intenté meter la llave, pero no era capaz de abrir la puerta. Tras varios intentos fallidos, mi mirada se fijó en una llave inglesa que se hallaba tirada en el suelo y sin pensarlo dos veces, empecé a aporrear las bisagras de la puerta. Lo logré, quite la puerta y la puse a un lado, entré, y comencé a buscar una caja pequeña, de color negro y rojo. Cuando por fin la encontré, contemplé que el destino me había puesto otra prueba más; la caja tenía un candado con contraseña. Debía adivinar los 8 dígitos si no quería dejar a César sin ese preciado recuerdo, así que empecé a introducir dígitos, pero ninguno era la clave. Justo antes de ir a por la llave inglesa, probé con los números 2.0.0.3.2.8.1.1, mi fecha de nacimiento y la de él. Exactamente, esa era la contraseña, y justo en ese momento me di cuenta de que tenía un novio totalmente predecible. La caja contenía 8 pistolas recortadas de calibre (--). Cogí dos y las cargué con unas balas que había guardado César para casos de emergencia. Salí tan rápido como pude, pues me quedaban 10 minutos, y hasta dejé la puerta tal y como la dejé al entrar. Bajé las escaleras tan deprisa como pude. Mi corazón bombeaba adrenalina en estado puro. Ya fuera del edificio, corrí por el callejón que me parecía más despejado, y en unos 4 minutos, comencé a divisar el viejo muelle. Me paré, eché un vistazo y enseguida miré a una chica de espaldas que parecía ser Ángela. Me acerqué cautelosamente y mi cerebro comenzó a analizar la situación. Ángela se dio la vuelta para comprobar que ya estaba allí. Tenía a César amordazado y atado de pies, manos y tórax a una vieja y correosa silla al borde del ala oeste del muelle. A 10 kilómetros de distancia se podía oler el tenso ambiente que allí se creaba. Me daba la impresión de que Ángela no se había percatado de que yo llevaba conmigo dos armas, pero yo si sabía que ella contaba con un cuchillo de, al menos, 15 centímetros. A 10 metros a su derecha, se encontraba un hombre corpulento, vestido completamente de negro y con cara de muy pocos amigos. Ángela me lanzó una mirada un tanto extraña, y a continuación me explicó el trato que ella misma había planeado: -Tú por él. Sencillo, justo y necesario. Tu vida a cambio de la de él. ¡Piensa que aquí todos salimos ganando! César y yo sin ti, tú sin nosotros y nosotros juntos. Además, ¿no sería bonito eso de arriesgar tu vida a cambio de la del hombre que parece que estas enamorada? Sería una cuestión de honor, de honradez, eso de poder decir; “estoy arriesgado mi vida por un hombre a quien quiero, y no me importa morir…” Dime, ¿no sería bonito poder decir y hacer eso?-
Capitulo 6.
-Mañana a primera hora llamare a Ángela. Supongo que ella me llevará a algún lado, espero que no sea ninguno de sus puntos de encuentro con sus “amigos”… Pero quiero que sepas que pase lo que pase, no dejaré de pensar en ti y hare todo lo posible para estar de vuelta. Nunca te lo he dicho, pero… Sinceramente has sido la mejor persona que he conocido. Cuando nos conocimos, tú pasabas de mí totalmente, no me hacías caso y todos los niños del barrio querían estar contigo, pero yo era el que más lo deseaba. Recuerdo aquel día en el que me caí del árbol en el parque, tú me viniste a ayudar y me ayudaste a sentarme en unos de los bancos. Fuiste corriendo a tu casa a por unas tiritas de colorines y me las pusiste en los rascazos. ¿Qué te hizo venir a ayudarme, si se puede saber?- terminó esa frase sollozando una tierna sonrisa.
-No te hacía ningún caso porque tú no eras como los demás. Te notaba como distinto y no era capaz de hablarte con normalidad… Pero cuando vi que te habías caído de aquel árbol, no dude ni un solo segundo en ir a ayudarte. Si, éramos muy pequeños pero me imponías. Conforme fuimos creciendo y conociéndonos, me di cuenta de que nunca había conocido a alguien así y que eras realmente muy buena persona, no dude ni un segundo en que siempre estarías a mi lado. No me equivoque en nada y me alegro de haberte conocido… ¿Te acuerdas de aquellas cartas que nos enviábamos?-
No me respondió a esa pregunta, tan solo asintió con la cabeza y sonrió. Dejamos todo como estaba y nos fuimos a acostar. Mientras me ponía una camiseta de propagada cuatro tallas mayores de la que yo uso, César me dijo que tenía las cartas guardadas en una cajita muy especial. Yo también le dije que guardaba en casa las cartas y todas las cosas que tenía de él… Ya estábamos en cama cuando sentí el cuerpo de César, me abrazó por detrás y susurro un, -Date la vuelta bombón…- Me puse encima de su perfecto cuerpo y me besó, me abrazó, me dijo muchas cosas bonitas.
Al día siguiente, llamó a Ángela y quedaron con un margen de media hora. Preparamos todo y revisamos el plan. En mi rostro se reflejaban unas lágrimas, y César me dio un caliente beso.
-No te preocupes, amor, toda saldrá bien, te lo prometo. No dejaré que te pase nada y volveré a tu lado en cuanto pueda. No quiero que te preocupes, yo estaré bien por ti, recuerda que te quiero más que a nada en el mundo.-Su voz tenía un tono de tranquilidad y tenía toda la razón del mundo…
Le dije que yo también lo quería. Cruzó el umbral de la puerta, se fue. Llevaba el móvil cargado de batería y una navaja plateada que le había regalado su tío por su decimo octavo cumpleaños. En dos días debería de estar en casa de nuevo, pero a pesar de todas las dudas, nervios e inquietudes, yo confiaba plenamente en César, ese niño que me imponía a tan corta edad, ese niño en el que siempre confié y ese niño que supe que estaría a mi lado para siempre.
Me senté en el sofá y encendí un rato el ordenador con el propósito de despejarme un poco. Me conecté y visité el perfil de Ángela, apenas se había conectado hace 20 minutos, pero ya estaba fuera de conexión. Nunca había revisado a fondo su perfil, puesto que no éramos muy buenas amigas y ella no se relacionaba con mucho, pero hoy lo iba a hacer. Era una persona bastante excéntrica y vestía normalmente de colores apagados, pero nada tan extraño como para desconfiar. Me llamaron la atención sus gustos musicales, no eran grupos muy conocidos, y eran del estilo rock & roll. Sin embargo, en sus bocks tenía fotos muy bonitas de paisajes y con muchos colores. Pero no quería pensar más en ese tema así que apagué el ordenador y me fui un rato a casa de Rubén y María, y les expliqué lo que estaba ocurriendo. Total, se iban a enterar de todos modos todo el edificio, y así me podrían distraer un poco. Ellos me dieron su apoyo, cosa que les agradecí mucho y les invité a cenar en mi casa y así también me harían un poco de compañía. Ellos aceptaron y comí en su casa, pase allí la tarde con su compañía. Pasé una tarde muy buena con ellos, me ayudaron mucho y nos reímos bastante. Después, subimos a cenar y estuvimos un buen rato hablando en el salón. Cuando se fueron, me acosté, pero me sentía sola…Tardé en dormirme, no quise mirar el reloj porque me desvelaría y pasaría la noche en vela.
-No te hacía ningún caso porque tú no eras como los demás. Te notaba como distinto y no era capaz de hablarte con normalidad… Pero cuando vi que te habías caído de aquel árbol, no dude ni un solo segundo en ir a ayudarte. Si, éramos muy pequeños pero me imponías. Conforme fuimos creciendo y conociéndonos, me di cuenta de que nunca había conocido a alguien así y que eras realmente muy buena persona, no dude ni un segundo en que siempre estarías a mi lado. No me equivoque en nada y me alegro de haberte conocido… ¿Te acuerdas de aquellas cartas que nos enviábamos?-
No me respondió a esa pregunta, tan solo asintió con la cabeza y sonrió. Dejamos todo como estaba y nos fuimos a acostar. Mientras me ponía una camiseta de propagada cuatro tallas mayores de la que yo uso, César me dijo que tenía las cartas guardadas en una cajita muy especial. Yo también le dije que guardaba en casa las cartas y todas las cosas que tenía de él… Ya estábamos en cama cuando sentí el cuerpo de César, me abrazó por detrás y susurro un, -Date la vuelta bombón…- Me puse encima de su perfecto cuerpo y me besó, me abrazó, me dijo muchas cosas bonitas.
Al día siguiente, llamó a Ángela y quedaron con un margen de media hora. Preparamos todo y revisamos el plan. En mi rostro se reflejaban unas lágrimas, y César me dio un caliente beso.
-No te preocupes, amor, toda saldrá bien, te lo prometo. No dejaré que te pase nada y volveré a tu lado en cuanto pueda. No quiero que te preocupes, yo estaré bien por ti, recuerda que te quiero más que a nada en el mundo.-Su voz tenía un tono de tranquilidad y tenía toda la razón del mundo…
Le dije que yo también lo quería. Cruzó el umbral de la puerta, se fue. Llevaba el móvil cargado de batería y una navaja plateada que le había regalado su tío por su decimo octavo cumpleaños. En dos días debería de estar en casa de nuevo, pero a pesar de todas las dudas, nervios e inquietudes, yo confiaba plenamente en César, ese niño que me imponía a tan corta edad, ese niño en el que siempre confié y ese niño que supe que estaría a mi lado para siempre.
Me senté en el sofá y encendí un rato el ordenador con el propósito de despejarme un poco. Me conecté y visité el perfil de Ángela, apenas se había conectado hace 20 minutos, pero ya estaba fuera de conexión. Nunca había revisado a fondo su perfil, puesto que no éramos muy buenas amigas y ella no se relacionaba con mucho, pero hoy lo iba a hacer. Era una persona bastante excéntrica y vestía normalmente de colores apagados, pero nada tan extraño como para desconfiar. Me llamaron la atención sus gustos musicales, no eran grupos muy conocidos, y eran del estilo rock & roll. Sin embargo, en sus bocks tenía fotos muy bonitas de paisajes y con muchos colores. Pero no quería pensar más en ese tema así que apagué el ordenador y me fui un rato a casa de Rubén y María, y les expliqué lo que estaba ocurriendo. Total, se iban a enterar de todos modos todo el edificio, y así me podrían distraer un poco. Ellos me dieron su apoyo, cosa que les agradecí mucho y les invité a cenar en mi casa y así también me harían un poco de compañía. Ellos aceptaron y comí en su casa, pase allí la tarde con su compañía. Pasé una tarde muy buena con ellos, me ayudaron mucho y nos reímos bastante. Después, subimos a cenar y estuvimos un buen rato hablando en el salón. Cuando se fueron, me acosté, pero me sentía sola…Tardé en dormirme, no quise mirar el reloj porque me desvelaría y pasaría la noche en vela.
Capitulo 5.
Tras varios días, llamamos a nuestros padres. Les comunicamos la feliz noticia, de la cual se alegraron un montón. Los padres de César me dijeron que él llevaba tiempo enamorado de mi y mi madre a él lo mismo. El padre de César era un hombre a punto de entrar en los cuarenta y cinco, pero se conservaba muy bien. De él había heredado César sus ojos y su simpatía, pues su padre era muy simpático. Junto a su esposa, le dio a su hijo una infancia llena de momentos muy felices, pero también lo trataron con disciplina. La madre rondaba los cuarenta y seis, y también era muy simpática y tenía un don para la escritura, pues publico algún que otro libro. Diría que César heredó de ella el saber estar.
Entre tanta emoción, se nos fue Junio, Julio y casi Agosto. Fuimos mucho a la piscina y sobre todo al rio que marco un antes y un después. Estábamos ya casi en el día 20 y ya pensábamos en la universidad. César quería estudiar imagen y sonido, que entra en la comunicación audiovisual, y yo periodismo. Fuimos a informarnos de todo, pues ante todo queríamos asegurar un futuro sólido. Aun nos quedaba la selectividad. Pero en nuestra ciudad la haríamos de diferente manera que en España, pues el nuestro era un caso un tanto especial. Normalmente, se tarda un mes y medio en acceder a los exámenes de selectividad, pero nosotros lo haríamos en tres meses, en un horario raro y el examen era un poco más complicado. No solo haríamos nosotros los exámenes, sino que también lo harían más compañeros de nuestro piso. Preparamos todo, teníamos los libros en una habitación al lado de la nuestra, con un gran escritorio para estudiar los dos sin problemas, con dos sillas y bastante luz. También teníamos un gran archivador para poder organizarnos bien. Allí seria nuestro lugar de estudio.
Ya finalizado agosto, con los libros y ganas de estudiar comenzamos septiembre estudiando.
Tras dos meses, a falta de un mes para los exámenes, César me dijo que estaba muy preocupado por algo que ni el mismo sabía bien. Era cierto que estábamos estresados con los exámenes, pero esos días habíamos recibido varios mensajes al móvil y llamadas de parte de un número oculto que nos preocupaban un poco, bastante diría yo. Los mensajes estaban formados por letras raras sin orden y sin alguna explicación coherente, o al menos yo no la encontraba.
Una tarde, un poco cansados de estar en casa, fuimos al monte, al mismo monte que hace unos meses nos unió con algo más que amistad. Pero esta vez fuimos solos, puesto que María y Rubén se tuvieron que quedar estudiando porque habían empezado gg, pero por desgracia no fue así. Nos interrumpió el móvil de César, otra vez con esos raros mensajes… ¿Significaban algo? ¿Qué hacer ante aquella situación? César apago el móvil para poder seguir los dos juntos como previamente hacíamos. Pero César parecía algo preocupado, y a mí algo no me terminaba de encajar. Después nos fuimos a bañar. El agua ya estaba más caliente que la última vez, o esa era la sensación. Hacia un buen día y el sol brillaba aunque alguna que otra nube lo escondiera un rato de vez en cuando. El cuerpo de César era perfecto, y él se reía cada vez que me perdía mirándolo…Bueno, el hacía lo mismo. Tras un buen rato bañándonos, salimos y nos acostamos en las toallas que previamente las dejamos juntas y extendidas. Con mi mirada fijada en él, le acariciaba. Se reía con cada tontería que le decía. Yo era la persona más feliz con aquella sonrisa… El tenía su mano en mi cintura, moviendo el dedo con un compás de amor que tan solo nosotros podíamos sentir. Se acercó más de lo que estábamos, y se puso encima de mí, nos besamos. Tras terminar la tarde entre abrazos, tonterías, y amor por todas partes, recogimos todo y nos fuimos a casa. Ya en el coche, encendí el móvil de César y a continuación y el mío. Su móvil tenía 4 nuevos mensajes, tan raros como los anteriores, con esas letras, números y signos en desorden. Cuando se lo dije a César, paró el coche en el arcén y con las manos en el volante y mirando al frente, trago saliva y me explicó lo que estaba sucediendo… El mensaje ponía lo siguiente: “IK - ÑZ - IXPVIYK - ÑZ - GK – QVÑ – V – YZXDN ``` LZNK – HVÑ – OZ – QPZ – GK – CVBVÑ ´´´´ “
¿Esas letras y signos tenían sentido alguno? César parecía tener la respuesta. Viendo mi gesto confuso, comenzó a explicarme:
-Veras Laura… La persona que envía eses mensajes tan raros es alguien a quien conocemos muy bien... Es una chica de nuestro edificio, pertenece a una especie de mafia o algo así, pero pocos de nosotros lo sabemos. Los mensajes son claras amenazas hacia mí. El sistema para descifrarlo es sencillo; por cada letra, se cuentan 5 letras hacia atrás en el abecedario, por ejemplo, amenaza sería VHZIVUV.- Hice con la cabeza un gesto afirmativo. Ahora entendía porque cada vez que César leía los mensajes parecía ausente, y no era precisamente por el desconcierto del contenido… - Si lo desciframos, el texto es el siguiente: “No sé cuando se lo vas a decir… Pero más te vale que lo hagas…” Se refiere a que te cuente lo que en realidad pasa… Todo ocurrió un verano, el verano de hace 3 años… Ángela – nuestra “compañera” que era la que enviaba los mensajes- se enamoró de mí, y me perseguía, diría que hasta me llegó a acosar. Me pidió salir varias veces, pero las rechacé todas, porque, siéndote sincero, tu ya me gustabas, y mucho…- Me acarició, subí mi mirada cabizbaja y mire que estaba destrozado. Su voz era firme y un tanto seria. –En el momento en el que se entero de que estábamos juntos, comenzaron los mensajes… Intenté explicártelo pero se me hacía muy difícil y estaba esperando el momento adecuado y sé que este no es el mejor pero he tardado mucho… Lo siento, debí hacerlo antes pero…- No le dejé continuar, lo abracé y le prometí que no le pasaría nada porque yo estaba allí para protegerle.
Llegamos a casa, apartamos los libros y nos dispusimos a anotar todas las opciones posibles para solucionar aquel gran problema que teníamos encima. Las opciones eran diversas, y algunas disparatadas, quizás. Comenzamos a tachar las incoherentes, las que no eran muy buenas y las que no nos gustaban. Quedaban varias sin tachar en aquel papel escrito con la bonita caligrafía de César. Una de ellas era la mudanza, pero es que allí estábamos perfectamente y podríamos desencadenar una persecución, cosa que no ayudaría ni una pizca. Otra, la más difícil pero la que con más posibilidades contaba era la de tenderle una especie de trampa. Sabíamos que nos iba a costar mucho y no sería nada fácil, pero tan solo pensar que podría salir bien y que volveríamos a estar juntos de nuevo y a salvo, nos daba fuerzas. Fue esa la que finalmente elegimos, apenados, pero sabíamos que era lo correcto. El plan no estaba del todo claro, pero este era el boceto: César quedaría con ella y se irían a dar una vuelta por la ciudad. Le diría que él estuvo enamorado de ella pero que no veía un futuro a su lado porque él sentía que no estaba a su altura porque ella era mucha mujer y se merecía a alguien mejor y que tarde o temprano, se daría cuenta de lo que es mejor para ella. Si, mentíamos un poco pero no le íbamos a contar la verdad, tan solo por precaución. Sabíamos que eso no era para nada suficiente pero teníamos un par de ases bajo la manga por si acaso. Le miré a los ojos y le abracé. El sol ya se había ocultado, y como César estaba algo preocupado, se sentó en el sofá a ver un rato la televisión mientras yo hacia la cena. Preparé la mesa y puse varias velas, el ambiente era sumiso, pero se notaba al mismo tiempo cargado de nervios. Tras cenar, recogí un poco la mesa con la ayuda de César y él comenzó una conversación.
Entre tanta emoción, se nos fue Junio, Julio y casi Agosto. Fuimos mucho a la piscina y sobre todo al rio que marco un antes y un después. Estábamos ya casi en el día 20 y ya pensábamos en la universidad. César quería estudiar imagen y sonido, que entra en la comunicación audiovisual, y yo periodismo. Fuimos a informarnos de todo, pues ante todo queríamos asegurar un futuro sólido. Aun nos quedaba la selectividad. Pero en nuestra ciudad la haríamos de diferente manera que en España, pues el nuestro era un caso un tanto especial. Normalmente, se tarda un mes y medio en acceder a los exámenes de selectividad, pero nosotros lo haríamos en tres meses, en un horario raro y el examen era un poco más complicado. No solo haríamos nosotros los exámenes, sino que también lo harían más compañeros de nuestro piso. Preparamos todo, teníamos los libros en una habitación al lado de la nuestra, con un gran escritorio para estudiar los dos sin problemas, con dos sillas y bastante luz. También teníamos un gran archivador para poder organizarnos bien. Allí seria nuestro lugar de estudio.
Ya finalizado agosto, con los libros y ganas de estudiar comenzamos septiembre estudiando.
Tras dos meses, a falta de un mes para los exámenes, César me dijo que estaba muy preocupado por algo que ni el mismo sabía bien. Era cierto que estábamos estresados con los exámenes, pero esos días habíamos recibido varios mensajes al móvil y llamadas de parte de un número oculto que nos preocupaban un poco, bastante diría yo. Los mensajes estaban formados por letras raras sin orden y sin alguna explicación coherente, o al menos yo no la encontraba.
Una tarde, un poco cansados de estar en casa, fuimos al monte, al mismo monte que hace unos meses nos unió con algo más que amistad. Pero esta vez fuimos solos, puesto que María y Rubén se tuvieron que quedar estudiando porque habían empezado gg, pero por desgracia no fue así. Nos interrumpió el móvil de César, otra vez con esos raros mensajes… ¿Significaban algo? ¿Qué hacer ante aquella situación? César apago el móvil para poder seguir los dos juntos como previamente hacíamos. Pero César parecía algo preocupado, y a mí algo no me terminaba de encajar. Después nos fuimos a bañar. El agua ya estaba más caliente que la última vez, o esa era la sensación. Hacia un buen día y el sol brillaba aunque alguna que otra nube lo escondiera un rato de vez en cuando. El cuerpo de César era perfecto, y él se reía cada vez que me perdía mirándolo…Bueno, el hacía lo mismo. Tras un buen rato bañándonos, salimos y nos acostamos en las toallas que previamente las dejamos juntas y extendidas. Con mi mirada fijada en él, le acariciaba. Se reía con cada tontería que le decía. Yo era la persona más feliz con aquella sonrisa… El tenía su mano en mi cintura, moviendo el dedo con un compás de amor que tan solo nosotros podíamos sentir. Se acercó más de lo que estábamos, y se puso encima de mí, nos besamos. Tras terminar la tarde entre abrazos, tonterías, y amor por todas partes, recogimos todo y nos fuimos a casa. Ya en el coche, encendí el móvil de César y a continuación y el mío. Su móvil tenía 4 nuevos mensajes, tan raros como los anteriores, con esas letras, números y signos en desorden. Cuando se lo dije a César, paró el coche en el arcén y con las manos en el volante y mirando al frente, trago saliva y me explicó lo que estaba sucediendo… El mensaje ponía lo siguiente: “IK - ÑZ - IXPVIYK - ÑZ - GK – QVÑ – V – YZXDN ``` LZNK – HVÑ – OZ – QPZ – GK – CVBVÑ ´´´´ “
¿Esas letras y signos tenían sentido alguno? César parecía tener la respuesta. Viendo mi gesto confuso, comenzó a explicarme:
-Veras Laura… La persona que envía eses mensajes tan raros es alguien a quien conocemos muy bien... Es una chica de nuestro edificio, pertenece a una especie de mafia o algo así, pero pocos de nosotros lo sabemos. Los mensajes son claras amenazas hacia mí. El sistema para descifrarlo es sencillo; por cada letra, se cuentan 5 letras hacia atrás en el abecedario, por ejemplo, amenaza sería VHZIVUV.- Hice con la cabeza un gesto afirmativo. Ahora entendía porque cada vez que César leía los mensajes parecía ausente, y no era precisamente por el desconcierto del contenido… - Si lo desciframos, el texto es el siguiente: “No sé cuando se lo vas a decir… Pero más te vale que lo hagas…” Se refiere a que te cuente lo que en realidad pasa… Todo ocurrió un verano, el verano de hace 3 años… Ángela – nuestra “compañera” que era la que enviaba los mensajes- se enamoró de mí, y me perseguía, diría que hasta me llegó a acosar. Me pidió salir varias veces, pero las rechacé todas, porque, siéndote sincero, tu ya me gustabas, y mucho…- Me acarició, subí mi mirada cabizbaja y mire que estaba destrozado. Su voz era firme y un tanto seria. –En el momento en el que se entero de que estábamos juntos, comenzaron los mensajes… Intenté explicártelo pero se me hacía muy difícil y estaba esperando el momento adecuado y sé que este no es el mejor pero he tardado mucho… Lo siento, debí hacerlo antes pero…- No le dejé continuar, lo abracé y le prometí que no le pasaría nada porque yo estaba allí para protegerle.
Llegamos a casa, apartamos los libros y nos dispusimos a anotar todas las opciones posibles para solucionar aquel gran problema que teníamos encima. Las opciones eran diversas, y algunas disparatadas, quizás. Comenzamos a tachar las incoherentes, las que no eran muy buenas y las que no nos gustaban. Quedaban varias sin tachar en aquel papel escrito con la bonita caligrafía de César. Una de ellas era la mudanza, pero es que allí estábamos perfectamente y podríamos desencadenar una persecución, cosa que no ayudaría ni una pizca. Otra, la más difícil pero la que con más posibilidades contaba era la de tenderle una especie de trampa. Sabíamos que nos iba a costar mucho y no sería nada fácil, pero tan solo pensar que podría salir bien y que volveríamos a estar juntos de nuevo y a salvo, nos daba fuerzas. Fue esa la que finalmente elegimos, apenados, pero sabíamos que era lo correcto. El plan no estaba del todo claro, pero este era el boceto: César quedaría con ella y se irían a dar una vuelta por la ciudad. Le diría que él estuvo enamorado de ella pero que no veía un futuro a su lado porque él sentía que no estaba a su altura porque ella era mucha mujer y se merecía a alguien mejor y que tarde o temprano, se daría cuenta de lo que es mejor para ella. Si, mentíamos un poco pero no le íbamos a contar la verdad, tan solo por precaución. Sabíamos que eso no era para nada suficiente pero teníamos un par de ases bajo la manga por si acaso. Le miré a los ojos y le abracé. El sol ya se había ocultado, y como César estaba algo preocupado, se sentó en el sofá a ver un rato la televisión mientras yo hacia la cena. Preparé la mesa y puse varias velas, el ambiente era sumiso, pero se notaba al mismo tiempo cargado de nervios. Tras cenar, recogí un poco la mesa con la ayuda de César y él comenzó una conversación.
Capitulo 4.
A la mañana siguiente, nos despertamos temprano, preparamos la comida, la metimos en recipientes, preparamos las mochilas y llamamos a nuestros mejores amigos para decirles que ya estábamos preparados. Ayer, habíamos quedado para ir a pasar un día a las afueras,-pues nos los encontramos en el ascensor-, y quedamos en ir a un monte con un rio. Cogimos un coche que nos habían dejado los profesores, pues disponíamos de 3 mientras no tuviéramos el nuestro propio. A la ida, conduciría César, y de vuelta Rubén, nuestro amigo, pues aunque las chicas también teníamos carnet de conducir, ellos eran unos caballeros…Nos pasamos el camino hablando de diversos temas. En un momento determinado, no sé como salió el tema, comenzamos a hablar de si nos queríamos casar, tener hijos…César y yo coincidíamos en que querríamos tener dos, chico y chica. Sus nombres favoritos eran Eloy y Marta, y los míos eran Erick y Lorena. Nuestros nombres también nos gustaban mucho, pero no nos gustaba ponérselos a los hijos también, pues sería un poco lioso. Rubén y María querían tener tres hijos. Él quería dos niñas y un niño, y ella al revés. En los nombres, había muchos y no se ponían de acuerdo. Ellos ya eran pareja, desde hacia nueve meses. Les teníamos mucho cariño, y éramos amigos desde comienzos de la E.S.O. Aún me acuerdo, que me sentaba junto a César, dos años enteros al lado de él. Cuando me despistaba mirando el color de sus hermosos y azulados ojos, y los profesores me formulaban alguna pregunta, él me sonreía y me decía las respuestas en un bajo tono que tan solo yo podía escuchar. César también se perdía muchas veces, a lo mejor mirándome también. Me acuerdo, que en tercero, el se sentaba detrás de mí. Nos escribíamos cartas, y, cuando el profesor de la hora que teníamos no se daba cuenta, me daba media vuelta, tan solo verlo, me llenaba de alegría. Seguro que él se a cuerda tan perfectamente como yo, y seguro que tiene las cartas guardadas, como yo…
Tras dos horas, llegamos a un precioso monte. El río era de agua clara, era bastante ancho y no tenía mucho desnivel. Pusimos el típico mantel a cuadros y sobre él la comida. Comimos a la sombra de un árbol bien grande. Después de comer, Rubén y María se fueron a bañar. Mientras, César y yo nos sentamos debajo de un gran árbol, daba mucha sombra y la hierba estaba verde y fresca. Nos sentamos los dos juntos, y César me agarró. Me abrazó. Estuvimos un buen rato abrazamos, hasta que empecé a oír unas preciosas frases de parte de César. Sus palabras eran cada vez más dulces. Me decía cuanto me quería, y… un montón de cosas así. De repente, giramos las cabezas para mirarnos... Los ojos de César me mostraban todo el cariño que me tenia, y todo el amor del mundo que se podía sentir. En un instante, mi corazón se detuvo. Sentí los labios de César, y no en la mejilla como siempre. En ese instante me sentía en el cielo. Nos besamos. Nunca había sentido nada igual… Después de ese, vinieron muchos más. Cada uno mejor que el anterior, pero no mejor que el primero, pues sería el mejor de mi vida. El corazón me latía a tanta velocidad que no sabía si lo tenía o si se había esfumado. César se notaba muy contento, al igual que yo, pero un poco de nerviosismo llegaba a nuestros cuerpos por temor a que algo saliera mal, o que algo malo nos pasara. César me abrazo tras muchos besos. No sabía en qué estaría pensando César, pero seguramente en lo mismo que yo… Todo era perfecto; bajo un árbol, los dos abrazados, escuchando el río y el cantar de los pájaros… Y el beso, nuestro primer beso. Cuando Rubén y María llegaron, nos fuimos nosotros a bañarnos. No por no estar todos, si no porque cada pareja quería tener su ratito alejados del ruidoso mundo de hoy en día. Después también nos daríamos un chapuzón todos juntos. César estaba espectacular con su bañador, de dibujo la bandera americana, y yo creo que también, pues me agarró por la cintura de perfil y soltó un soplido que daba a entender bastantes cosas… Nos metimos en el agua, estaba fría… ¿o éramos nosotros que nos estábamos derritiendo?, posiblemente. Tras mojarnos y dar unas brazadas, nos acercamos poco a poco, con una mirada tímida y una sonrisa tierna trazada en cada uno. Le agarré. Tocaba el cuerpo perfecto de César, ¿estaba en el cielo? Si, estaba tocando a un ángel. De nuevo, nos besamos. Tras algún tiempo abrazados, nos separamos un poco, aunque estuviéramos allí días y días, nos parecería el tiempo más corto del mundo. Nos dimos unos chapuzones e invitamos a Rubén y a María a meterse en el agua con nosotros. César y yo, salimos tras un rato y nos secamos, más tarde juntamos las toallas y nos acostamos juntos. César me acariciaba, y yo también a él. Después nos pusimos a jugar con ellos a diversos juegos. Nosotros teníamos una alegría enorme, cosa que nuestros amigos desconocían el porqué, o eso pensábamos. Sobre las nueve de la noche, recogimos las cosas y nos dirigimos a casa. Ya conducía Rubén, y nosotros dos íbamos atrás. Fue entonces cuando César me pregunto si lo de hoy iba enserio, a lo que yo respondí, “por mi por supuesto, no sé qué opinara usted…”. Su respuesta, “por supuesto que sí, madame.” acompañado de un beso. Entonces se lo dijimos a nuestros amigos, los cuales se alegraron un montón y nos felicitaron. ¿Quién nos iba a decir a mí que sería la novia de César y más aun en Los Ángeles? César se veía muy contento, sus ojos una vez más lo delataban, pero el mismo me lo decía… ¿Y yo como estaba? Incrédula. Puede que fuera porque siempre fui una persona un tanto escéptica, pero no daba crédito a lo sucedido. Cuando llegamos a casa, descargamos todo, nos despedimos de María y Rubén y entramos en casa. Nos encontrábamos recogiendo todo cuando César me dijo; “¿Y las camas…? ¿Qué les hacemos?” Lo abracé y se me escapó una carcajada. Decidimos juntar las camas, pues así dormiríamos mejor. Nos acostamos, nos dimos las buenas noches acompañadas de dos besos y nos dormimos.
Tras dos horas, llegamos a un precioso monte. El río era de agua clara, era bastante ancho y no tenía mucho desnivel. Pusimos el típico mantel a cuadros y sobre él la comida. Comimos a la sombra de un árbol bien grande. Después de comer, Rubén y María se fueron a bañar. Mientras, César y yo nos sentamos debajo de un gran árbol, daba mucha sombra y la hierba estaba verde y fresca. Nos sentamos los dos juntos, y César me agarró. Me abrazó. Estuvimos un buen rato abrazamos, hasta que empecé a oír unas preciosas frases de parte de César. Sus palabras eran cada vez más dulces. Me decía cuanto me quería, y… un montón de cosas así. De repente, giramos las cabezas para mirarnos... Los ojos de César me mostraban todo el cariño que me tenia, y todo el amor del mundo que se podía sentir. En un instante, mi corazón se detuvo. Sentí los labios de César, y no en la mejilla como siempre. En ese instante me sentía en el cielo. Nos besamos. Nunca había sentido nada igual… Después de ese, vinieron muchos más. Cada uno mejor que el anterior, pero no mejor que el primero, pues sería el mejor de mi vida. El corazón me latía a tanta velocidad que no sabía si lo tenía o si se había esfumado. César se notaba muy contento, al igual que yo, pero un poco de nerviosismo llegaba a nuestros cuerpos por temor a que algo saliera mal, o que algo malo nos pasara. César me abrazo tras muchos besos. No sabía en qué estaría pensando César, pero seguramente en lo mismo que yo… Todo era perfecto; bajo un árbol, los dos abrazados, escuchando el río y el cantar de los pájaros… Y el beso, nuestro primer beso. Cuando Rubén y María llegaron, nos fuimos nosotros a bañarnos. No por no estar todos, si no porque cada pareja quería tener su ratito alejados del ruidoso mundo de hoy en día. Después también nos daríamos un chapuzón todos juntos. César estaba espectacular con su bañador, de dibujo la bandera americana, y yo creo que también, pues me agarró por la cintura de perfil y soltó un soplido que daba a entender bastantes cosas… Nos metimos en el agua, estaba fría… ¿o éramos nosotros que nos estábamos derritiendo?, posiblemente. Tras mojarnos y dar unas brazadas, nos acercamos poco a poco, con una mirada tímida y una sonrisa tierna trazada en cada uno. Le agarré. Tocaba el cuerpo perfecto de César, ¿estaba en el cielo? Si, estaba tocando a un ángel. De nuevo, nos besamos. Tras algún tiempo abrazados, nos separamos un poco, aunque estuviéramos allí días y días, nos parecería el tiempo más corto del mundo. Nos dimos unos chapuzones e invitamos a Rubén y a María a meterse en el agua con nosotros. César y yo, salimos tras un rato y nos secamos, más tarde juntamos las toallas y nos acostamos juntos. César me acariciaba, y yo también a él. Después nos pusimos a jugar con ellos a diversos juegos. Nosotros teníamos una alegría enorme, cosa que nuestros amigos desconocían el porqué, o eso pensábamos. Sobre las nueve de la noche, recogimos las cosas y nos dirigimos a casa. Ya conducía Rubén, y nosotros dos íbamos atrás. Fue entonces cuando César me pregunto si lo de hoy iba enserio, a lo que yo respondí, “por mi por supuesto, no sé qué opinara usted…”. Su respuesta, “por supuesto que sí, madame.” acompañado de un beso. Entonces se lo dijimos a nuestros amigos, los cuales se alegraron un montón y nos felicitaron. ¿Quién nos iba a decir a mí que sería la novia de César y más aun en Los Ángeles? César se veía muy contento, sus ojos una vez más lo delataban, pero el mismo me lo decía… ¿Y yo como estaba? Incrédula. Puede que fuera porque siempre fui una persona un tanto escéptica, pero no daba crédito a lo sucedido. Cuando llegamos a casa, descargamos todo, nos despedimos de María y Rubén y entramos en casa. Nos encontrábamos recogiendo todo cuando César me dijo; “¿Y las camas…? ¿Qué les hacemos?” Lo abracé y se me escapó una carcajada. Decidimos juntar las camas, pues así dormiríamos mejor. Nos acostamos, nos dimos las buenas noches acompañadas de dos besos y nos dormimos.
Capitulo 3.
Tras cinco días, contactamos con nuestros padres, estos nos pusieron al corriente de lo que rondaba por allí. Les dimos las mil gracias y hablamos un rato más. César y yo decidimos quedarnos, y tan solo 2 amigos decidieron volver, por temas personales, -según ellos-. Las cosas ya estaban muy bien, y César y yo ya teníamos decidido quedarnos, pues terminaríamos los estudios y trabajaríamos. Esta noche, sorprendí yo a César, con una magnifica cena. Me dio la enhorabuena, y dijo entre carcajadas que me podía encargar yo de hacerla cuando quisiese. Tras ella, nos acomodamos en el sofá, y como no teníamos muchas cosas con las que hacer más amena la noche, se nos ocurrió invitar a unos amigos a que subieran. No cogían el móvil y como estábamos cerca, decidimos bajar nosotros. Estaban haciendo la cena, y esperamos a que terminasen. Hablamos y jugamos a diversos juegos. Llegamos a casa a las 4 de la madrugada, y cuando nos dimos cuenta, nos olvidáramos los móviles, las llaves… Estaban todos durmiendo, y para no despertarlos, decidimos dormir en el pasillo. César me prestó su chaqueta y dormimos abrazados en el pasillo. A primera hora de la mañana, el profesor de tecnología nos abrió la puerta con uno de sus “trucos”, entramos y nos acostamos otro rato.
Ya finalizado mayo, entramos en Junio. Tiempo de ir a la playa, lago, piscina o rio con los amigos…Se nos había pasado tan rápido los días con eso de comenzar una nueva vida… La relación de “amigos” que teníamos César y yo seguía igual… Pero yo creo que cada día aumentaba un milímetro más. El primer día de mes, recibimos un paquete cada uno de nuestros padres, con comida típica de nuestra tierra, y algunas echar por ellos, con algún regalito que otro también. Como nos hizo tanta ilusión, decidimos enviarle algo nosotros también. Esa tarde nos fuimos de compras. Yo cocine, comimos, y nos preparamos para salir. Llevábamos poca ropa, pues el sol apretaba, tenis cómodo, y la cámara y los móviles cargados del todo. Ya no hacía falta avisar a otros compañeros o profesores de nuestra ausencia temporal, pues poco a poco, comenzábamos a hacer nuestra propia vida… A César no es que le encantara ir de compras, pero no le disgustaba, me daba su opinión y le gustaba probarse cosas a él también. Era muy elegante y vestía muy bien, una persona elegante. Salimos a las 4 de la tarde aproximadamente. Fuimos por muchas tiendas, y también nos compramos algo para nosotros, renovar el vestuario… Me reí un montón con César, y se veía muy guapo con toda la ropa que se compró. Hasta se cogió un gorro a rayas de color negro e iba caminando con el puesto. Compramos bastantes cosas, tanto para nosotros como para ellos. Nos sacamos un montón de fotos y caminamos bastante. Merendamos en un McDonald, pues a los dos nos gustaba comer allí de vez en cuando. Llegamos a casa a las diez y media, pues cenamos fuera también. Al llegar, nos pusimos el pijama, y nos acomodamos en el sofá a ver la televisión. César me abrazo, y estuvimos así un buen rato, hasta que nos entro el sueño, y nos fuimos a la cama. César me dio las buenas noches, y nos dormimos los dos.
Ya finalizado mayo, entramos en Junio. Tiempo de ir a la playa, lago, piscina o rio con los amigos…Se nos había pasado tan rápido los días con eso de comenzar una nueva vida… La relación de “amigos” que teníamos César y yo seguía igual… Pero yo creo que cada día aumentaba un milímetro más. El primer día de mes, recibimos un paquete cada uno de nuestros padres, con comida típica de nuestra tierra, y algunas echar por ellos, con algún regalito que otro también. Como nos hizo tanta ilusión, decidimos enviarle algo nosotros también. Esa tarde nos fuimos de compras. Yo cocine, comimos, y nos preparamos para salir. Llevábamos poca ropa, pues el sol apretaba, tenis cómodo, y la cámara y los móviles cargados del todo. Ya no hacía falta avisar a otros compañeros o profesores de nuestra ausencia temporal, pues poco a poco, comenzábamos a hacer nuestra propia vida… A César no es que le encantara ir de compras, pero no le disgustaba, me daba su opinión y le gustaba probarse cosas a él también. Era muy elegante y vestía muy bien, una persona elegante. Salimos a las 4 de la tarde aproximadamente. Fuimos por muchas tiendas, y también nos compramos algo para nosotros, renovar el vestuario… Me reí un montón con César, y se veía muy guapo con toda la ropa que se compró. Hasta se cogió un gorro a rayas de color negro e iba caminando con el puesto. Compramos bastantes cosas, tanto para nosotros como para ellos. Nos sacamos un montón de fotos y caminamos bastante. Merendamos en un McDonald, pues a los dos nos gustaba comer allí de vez en cuando. Llegamos a casa a las diez y media, pues cenamos fuera también. Al llegar, nos pusimos el pijama, y nos acomodamos en el sofá a ver la televisión. César me abrazo, y estuvimos así un buen rato, hasta que nos entro el sueño, y nos fuimos a la cama. César me dio las buenas noches, y nos dormimos los dos.
Capitulo 2.
Llamamos a nuestros padres, de ellos había surgido la idea, pues ellos sabían que era nuestro gran sueño. Nos dijeron, que los que quisieran volver, podrían hacerlo pues estaban en su derecho, pero los que se quisieran quedar, se quedarían sin problemas. Pocos fueron los que aceptaron volver, tan solo 2 de los 20 que éramos. Éramos jóvenes, en Los Ángeles, sin billete de ida ni padres, con unos estudios y con una vida por delante… Nos instalamos en un edificio grande, en el que solo residiríamos nosotros, pues los profesores tenían todo preparado a la perfección, eran unos grandes profesionales. Como era un edificio grande, hicimos parejas de dos personas; chico y chica. Entre todos y un dolor de cabeza, nos pusimos de acuerdo con quien compartiríamos piso. Algo tensos, César y yo decidimos ir juntos. Éramos amigos de la infancia, mejor dicho, mejores amigos de toda la vida. Era un chico alto y delgado, con pelo corto con un color entre castaño y rubio y con los ojos con un tono azul cristalizado. Hacía mucho deporte, a pesar del tiempo que invertía en los estudios, pues sacaba unas notas estupendas. Siempre estaba conmigo y me ayudo en los momentos más difíciles y decisivos de mi corta vida, y muchos de mis momentos bonitos fueron a su lado también. Al ver que iríamos juntos, nos alegramos un montón, pues la convivencia entre nosotros dos seria, perfecta. Tras unas indicaciones de parte de los profesores, subimos a nuestro piso. Entramos y dejamos las maletas. El piso estaba genial, tenía bastante luminosidad, una cocina americana, un baño con una bañera bastante grande, dos habitaciones y un hall bastante grande. Nos miramos detenidamente, en un silencio arduo de romper y que tanta expresividad mostraba…nos dimos un amistoso abrazo. César era un modelo a seguir para mi, nos entendíamos tan bien…sacamos las cosas de las maletas y comenzamos a distribuir todo. Nos llevó bastante tiempo, pues teníamos que poner todo en orden. Llamaron al timbre, y como yo estaba ocupada, abrió César. Un amigo nos trajo dos cajas con cosas de primera necesidad, lo básico para tener de comodín hasta que estuviera todo en orden y pudiésemos ya comprar todo. Aunque teníamos dos habitaciones, decidimos dormir los dos en una, pues tenía dos camas gemelas. A primera hora de la mañana, en la habitación ya daba el sol, y teníamos unas vistas preciosas. El dormiría en la cama izquierda y yo en la derecha, así lo acordamos. Nos encontrábamos en el tercer piso, letra C. Esa noche salidos todos los chicos a hacer una cena, y fuimos a un conocido restaurante. El restaurante estaba en la siguiente manzana a la nuestra. Todo estaba muy bien colocado y se podía respirar el alto potencial que allí había. La comida fue estupenda, y el servicio era muy educado. Al llegar, nos despedimos y cada pareja subió a su correspondiente piso. Entramos en casa y nos pusimos el pijama. Me acosté después de un día agotador, y tras 10 minutos Cesar también se acostó. Estuvimos hablando sobre una media hora. Qué bien nos entendíamos… Tras un rato, nos dimos las buenas noches y recibí una suave caricia de parte de César, acompañada de un caliente abrazo. Dormí estupendamente, con la compañía de César en la habitación, pues me sentía acompañada y muy segura.Cuando me desperté, César me trajo un magnífico desayuno; un vaso de zumo, leche, unas galletas, y una preciosa rosa...Estaba buenísimo. Nos vestimos y aseamos, pero era temprano. Yo encendí mi ordenador portátil, me senté en el sofá, y me conecte al wi-fi del edificio. César lavo los platos del desayuno, hizo su cama y por ultimo cogió el también su portátil. Me conecte a un chat que usábamos normalmente, y como Los Ángeles y España no concuerdan en hora, no había nadie disponible. Me entretuve buscando algunas cosas, cuando se conecto César y comenzamos a hablar. El me decía lo maravillosa que era, y yo también se lo decía a él. Parecíamos niños, ¿no éramos capaces de comenzarlo personalmente?...Cada uno a un lado del sofá, mirándonos de vez en cuando con una sonrisa dulce cargada de alegría y timidez. Se nos fue la conexión a internet,- como sabríamos después, obra de nuestros compañeros-, y apagamos los ordenadores. Comenzó entonces la esperada conversación cara a cara. Mi oído escuchaba una voz dulce y en tono bajo y amable. Terminamos abrazados en el sofá, quien sabe por qué. Interrumpió nuestra preciosa conversación mi móvil, sonando con una canción que los dos teníamos por especial. Eran los profesores, preguntando si nos apetecía ir a dar un paseo… Aceptamos, bajamos al portal y nos fuimos a un precioso parque, nos pasamos allí toda la tarde. Antes de llegar, esperamos a ver el precioso atardecer que allí se podía contemplar. Posteriormente, nos dirigimos al edificio antes de que nos alcanzara la noche.
lunes, 8 de agosto de 2011
Capitulo 1, El viaje.
El día 17, día en el que nos iríamos a Viena con el instituto durante tres semanas. Ya terminemos el curso de 2º de bachiller, yo con éxito aunque algunos no tanto, pero era una buena promoción. Estábamos a finales del mes de Mayo, y los primeros rayos de sol asomaban de entre las nubes, aunque el tiempo era inestable aun. A mí me había ido muy bien este año de estudio, pues me centre un poco más que en los años anteriores. No sabía qué hacer exactamente después de bachillerato, me entraban las dudas e inseguridades como siempre. Pero estas vacaciones eran para relajarse de los estudios y disfrutar. Estábamos impacientes por que llegara el día, arrancábamos las hojas del calendario esperando que llegara, pero se hacía muy larga la espera. Preparamos todas las cosas, pues estábamos todos muy ilusionados y seguramente fue por eso que en la noche anterior no fuimos capaces de dormir. Cuando por fin llegaron las siete y media del 17, cogimos las maletas, nos despedimos del resto de los compañeros que no nos acompañaban y de nuestras familias, y acto seguido nos dirigimos al aeropuerto. Tuvimos una rara sensación, algo, pero no nos preocupamos porque íbamos con 4 profesores. Éramos alumnos de segundo de bachillerato, ya mayorcitos… Dentro del avión, muchos se durmieron, casi la mayoría, otros iban distraídos con su pareja de asiento, algunos escuchando su música o hablando y otros…bueno no se qué hacían los otros. El viaje estaba cargado de nervios, se percibía en el ambiente, de emoción, y de ganas de llegar ya. Yo me había sentando junto con mi mejor amigo, César. Fuimos hablando de diversos temas durante el trayecto…Cuando César y yo nos dimos cuenta, llevábamos más de seis horas volando. El tiempo se había pasado, por así decirlo, volando. No se veía personal del avión por ninguna parte, ni mismo las azafatas que siempre vigilan en el pasillo. Despertamos a un profesor y este, algo dormido, fue a preguntar a la cabina. Tardo un buen rato, de lo que nos empezábamos a preocupar, pero cuando salió nos comunico lo que les dijeron -como nos enteramos después que todo estaba planeado-¡Dijeron que nos dirigíamos a Los Ángeles! ¿A Los Ángeles? ¿Era eso cierto?¿Como y porque? Eran muchas las preguntas que nos hacíamos, lógico. En un principio no lo creíamos, pues no era muy razonable que nos hubieran llevado a Los Ángeles sin consentimiento de nuestros padres. Avisamos a todos los chicos, estamos todos muy emocionados, sin saber que nos aguardaba allí, sin saber prácticamente nada, tan solo a donde y con quien nos dirigíamos. Estábamos todos muy contentos, aunque algunos no se lo terminaban de creer. César estaba muy alegre, al igual que yo y al igual que todos nosotros. Llegados a nuestro destino, comprobamos que era cierto, estábamos en Los Ángeles con el que siempre habíamos soñado. Incrédulos, salimos del aeropuerto emocionados, nerviosos, confusos ....
Introducción.
En un bonito pueblo gallego, habita en una casa de 300 metros cuadrados una chica llamada Laura. El pueblo es pequeño, y la casa de Laura esta situada en un valle hermoso. Pocas casas se divisan desde aquel precioso lugar. Laura vive con su familia, en una casa mas bien grande. Estudia bachillerato, y está ya a finales de curso, preparando todos los exámenes bien para poder ir a por la carrera. Ella no tiene problemas de ningún tipo, es una chica social, timida y algo atrevida y divertida, pero no siempre tiene un buen genio. Le gusta la narutaleza, pero también le gusta ir de compras. Dibuja muy bien, pero lo suyo no es el arte, es la tecnología, pues le apasiona, y a pesar del tiempo que invierte en los estudios, le dedica mucho. Su vida es rutinaria, no tiene grandes cambios pues casi siempre hace lo mismo y no cambia las costumbres.
domingo, 7 de agosto de 2011
Prólogo
Jóvenes pero mayores chicos de bachiller emprenden un viaje a Madrid, pero ese no es su destino. Se dirigen a Los Ángeles. Juntos comienzan una vida llena de misterios y de cosas importantes que los marcaran, unirán, enamoraran, enfrentaran... La protagonista vivirá muchas experiencias junto con su amigo de la infancia. ¡Todo es imprevisible!
¡Toma asiento y disfruta con esta novela cargada de todo un poco!
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