viernes, 7 de octubre de 2011

Capitulo 7.

Capté el mensaje a la primera. Aquella chica no parecía tener un pelo de tonta, sabía lo que hacía… Los esfuerzos de César por impedirlo fueron completamente innecesarios. Bajé la mirada. Tras unos segundos en los que podía oír muy bien latir el corazón de César, miré a Ángela y asentí con la cabeza alzando los brazos a la altura de mi cintura y dejándolos caer. No era capaz de mirar a César a los ojos, pero él parecía atento a todo lo que pasaba. Miré como Ángela avanzaba un metro. Se volvió para ver a César y esbozó una sonrisa entre dientes a medida que se colocaba en la posición inicial. Comenzó a correr con aquel cuchillo en la mano. Yo no tenía miedo, tampoco saqué las pistolas ni me moví hacia ninguna dirección. En cuanto me di cuenta, el misterioso hombre de negro me estaba agarrando fuertemente las manos. Veía el rencor de Ángela en sus ojos negros como el carbón. Apenas le faltaban 3 metros aproximadamente para que el cuchillo que comenzaba a alzar se introdujese en mi cuerpo. 2 metros. Lancé una patada hacia atrás con el propósito de liberarme de aquel hombre que me impedía hacer movimiento alguno. Lo logré, y apenas a medio metro, Ángela se abalanzó con fuerza empuñando fuertemente el cuchillo. Aquél arma había atravesado el cuerpo dejándolo caer. El cuerpo de aquel hombre. Ángela no cayó al suelo, y sin perder ni un segundo, cogió una tubería de plomo que estaba situada al lado del hombre al que había acuchillado y que, bañado en su propia sangre, se estaba muriendo. Sin pensármelo dos veces, saqué las pistolas, y una en cada mano, apunte a Ángela. Justo cuando se acercaba, disparé, pero ella había sido más rápida y desvió los cañones a tiempo. La bala que debería haber impactado en el cuerpo de aquella chica, se incrustó en unos barriles inflamables que explotaron y prendieron llama en varias cajas y maderas que habían dejado los que antes utilizaban el muelle para dar un paseo por el lago. La otra bala lanzada por la otra pistola, impactó justo con una de las patas de la vieja silla en la que se encontraba César, y este cayó al agua atado y amordazado. Al ver lo que acababa de suceder, apunte y dispare tres veces. Estas tres balas, atravesaron el cráneo de Ángela, que cayó desplomada al suelo. Tiré las pistolas, y comencé a correr hacia el final del muelle mientras me sacaba la chaqueta que llevaba puesta. Me tiré de cabeza al agua en busca de César. No veía nada, puesto que casi era de noche aunque el fuego que había provocado iluminaba pequeñas partes que aquel lago. Por fin divisé a César, estaba casi llegando al fondo, y parecía inconsciente. Cuando llegué junto a él, intenté desatarlo, pero estaba atado muy fuertemente y con tanta presión era incapaz de desatar aquel nudo. Tras varios intentos, lo logré liberar y lo llevé a la superficie. Lo agarré y lo subí al firme suelo del muelle. Tras coger un poco de aire, le hice el boca a boca, dándole presión en el pecho. César comenzó a toser y enseguida abrió los ojos. Me miro fijamente, giró la cabeza y sonrió. No había nadie más en aquel insólito muelle. Estábamos completamente mojados y teníamos mucho frío. Aun ardían las cajas y tablas que habían prendido con la explosión. Tras comprobar que César se encontraba bien, le comuniqué que llamaría a la policía. Soltó una carcajada y me dio una clara respuesta llena de razón…
-¿Cómo vas a llamar si te has tirado al agua con el móvil para salvar al hombre de tu vida? Ven, creo que… ¡Te debo más de quince reencarnaciones por lo menos! A no ser que no te conformes con algo más simple… No se…- Me hizo mucha gracia aquella contestación que no me esperaba... Le ayudé a incorporarse y me senté en su regazo.
-Eres impresionante… ¡Estás a punto de morir y ni aún así pierdes ni una pizca tontería! Perdóname por no haberte hecho caso, hemos estado a punto de morir…- César me interrumpió.

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