-Has hecho justo lo que debías hacer. Te has enfrentado tú sola a una muy peligrosa mafia, sin saber si tenían refuerzos, sin saber si tenían armas, ¡sin saber nada! Has arriesgado tu vida por mí, ¿te parece poco? – César tenía razón… Supongo que no muchas personas harían lo que yo si estuviesen en mi situación. Tragó saliva y continuó…- Laura… Yo nunca dudé de ti. Supe, desde el primer momento, que si estaba en peligro me ayudarías y qué harías todo lo que estuviera a tu alcance. Cuando te vi asentir con la cabeza al trato de Ángela, pensaba que en realidad ibas a dejar que te matara, y te juro que mi corazón casi se para en el momento. Cuando me caí al agua, pude coger aire, pero no lo hice. Rezaba para que no te pasara nada, pero algo me decía que Ángela se las arreglaría para quitarte de en medio y yo no quería seguir viviendo sin ti… Perdón por ser tan idiota…- César comenzó a llorar, cosa que me apenó mucho. Deslicé mi mano por su brazo, y le hice mirarme secándole las lágrimas.
-Para nada has sido idiota. Eres la persona más valiente que he conocido en mi vida, y hare todo, las veces que haga falta para poder estar contigo de nuevo y verte sonreír. Porque tú eres mi vida entera, y si por cualquier cosa dejo de estar contigo, me moriría.- César sonrío y me besó.
Tras un rato, ayudé a César a levantarse y nos acercamos al charco de sangre que rodeaba el cuerpo de Ángela y su cómplice. Noté el escalofrío que recorrió el cuerpo de César, y no pude evitar llorar ante aquella situación. Me abracé a César, él me arropó con sus brazos y me dio un beso en la frente. Nos sentamos en el suelo, apoyándonos en la pared de una caseta que algún día había servido para algo. Más tarde, se presentó el cuerpo de policía y dos ambulancias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario