viernes, 7 de octubre de 2011
Capitulo 2.
Llamamos a nuestros padres, de ellos había surgido la idea, pues ellos sabían que era nuestro gran sueño. Nos dijeron, que los que quisieran volver, podrían hacerlo pues estaban en su derecho, pero los que se quisieran quedar, se quedarían sin problemas. Pocos fueron los que aceptaron volver, tan solo 2 de los 20 que éramos. Éramos jóvenes, en Los Ángeles, sin billete de ida ni padres, con unos estudios y con una vida por delante… Nos instalamos en un edificio grande, en el que solo residiríamos nosotros, pues los profesores tenían todo preparado a la perfección, eran unos grandes profesionales. Como era un edificio grande, hicimos parejas de dos personas; chico y chica. Entre todos y un dolor de cabeza, nos pusimos de acuerdo con quien compartiríamos piso. Algo tensos, César y yo decidimos ir juntos. Éramos amigos de la infancia, mejor dicho, mejores amigos de toda la vida. Era un chico alto y delgado, con pelo corto con un color entre castaño y rubio y con los ojos con un tono azul cristalizado. Hacía mucho deporte, a pesar del tiempo que invertía en los estudios, pues sacaba unas notas estupendas. Siempre estaba conmigo y me ayudo en los momentos más difíciles y decisivos de mi corta vida, y muchos de mis momentos bonitos fueron a su lado también. Al ver que iríamos juntos, nos alegramos un montón, pues la convivencia entre nosotros dos seria, perfecta. Tras unas indicaciones de parte de los profesores, subimos a nuestro piso. Entramos y dejamos las maletas. El piso estaba genial, tenía bastante luminosidad, una cocina americana, un baño con una bañera bastante grande, dos habitaciones y un hall bastante grande. Nos miramos detenidamente, en un silencio arduo de romper y que tanta expresividad mostraba…nos dimos un amistoso abrazo. César era un modelo a seguir para mi, nos entendíamos tan bien…sacamos las cosas de las maletas y comenzamos a distribuir todo. Nos llevó bastante tiempo, pues teníamos que poner todo en orden. Llamaron al timbre, y como yo estaba ocupada, abrió César. Un amigo nos trajo dos cajas con cosas de primera necesidad, lo básico para tener de comodín hasta que estuviera todo en orden y pudiésemos ya comprar todo. Aunque teníamos dos habitaciones, decidimos dormir los dos en una, pues tenía dos camas gemelas. A primera hora de la mañana, en la habitación ya daba el sol, y teníamos unas vistas preciosas. El dormiría en la cama izquierda y yo en la derecha, así lo acordamos. Nos encontrábamos en el tercer piso, letra C. Esa noche salidos todos los chicos a hacer una cena, y fuimos a un conocido restaurante. El restaurante estaba en la siguiente manzana a la nuestra. Todo estaba muy bien colocado y se podía respirar el alto potencial que allí había. La comida fue estupenda, y el servicio era muy educado. Al llegar, nos despedimos y cada pareja subió a su correspondiente piso. Entramos en casa y nos pusimos el pijama. Me acosté después de un día agotador, y tras 10 minutos Cesar también se acostó. Estuvimos hablando sobre una media hora. Qué bien nos entendíamos… Tras un rato, nos dimos las buenas noches y recibí una suave caricia de parte de César, acompañada de un caliente abrazo. Dormí estupendamente, con la compañía de César en la habitación, pues me sentía acompañada y muy segura.Cuando me desperté, César me trajo un magnífico desayuno; un vaso de zumo, leche, unas galletas, y una preciosa rosa...Estaba buenísimo. Nos vestimos y aseamos, pero era temprano. Yo encendí mi ordenador portátil, me senté en el sofá, y me conecte al wi-fi del edificio. César lavo los platos del desayuno, hizo su cama y por ultimo cogió el también su portátil. Me conecte a un chat que usábamos normalmente, y como Los Ángeles y España no concuerdan en hora, no había nadie disponible. Me entretuve buscando algunas cosas, cuando se conecto César y comenzamos a hablar. El me decía lo maravillosa que era, y yo también se lo decía a él. Parecíamos niños, ¿no éramos capaces de comenzarlo personalmente?...Cada uno a un lado del sofá, mirándonos de vez en cuando con una sonrisa dulce cargada de alegría y timidez. Se nos fue la conexión a internet,- como sabríamos después, obra de nuestros compañeros-, y apagamos los ordenadores. Comenzó entonces la esperada conversación cara a cara. Mi oído escuchaba una voz dulce y en tono bajo y amable. Terminamos abrazados en el sofá, quien sabe por qué. Interrumpió nuestra preciosa conversación mi móvil, sonando con una canción que los dos teníamos por especial. Eran los profesores, preguntando si nos apetecía ir a dar un paseo… Aceptamos, bajamos al portal y nos fuimos a un precioso parque, nos pasamos allí toda la tarde. Antes de llegar, esperamos a ver el precioso atardecer que allí se podía contemplar. Posteriormente, nos dirigimos al edificio antes de que nos alcanzara la noche.
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