Tras varios días, llamamos a nuestros padres. Les comunicamos la feliz noticia, de la cual se alegraron un montón. Los padres de César me dijeron que él llevaba tiempo enamorado de mi y mi madre a él lo mismo. El padre de César era un hombre a punto de entrar en los cuarenta y cinco, pero se conservaba muy bien. De él había heredado César sus ojos y su simpatía, pues su padre era muy simpático. Junto a su esposa, le dio a su hijo una infancia llena de momentos muy felices, pero también lo trataron con disciplina. La madre rondaba los cuarenta y seis, y también era muy simpática y tenía un don para la escritura, pues publico algún que otro libro. Diría que César heredó de ella el saber estar.
Entre tanta emoción, se nos fue Junio, Julio y casi Agosto. Fuimos mucho a la piscina y sobre todo al rio que marco un antes y un después. Estábamos ya casi en el día 20 y ya pensábamos en la universidad. César quería estudiar imagen y sonido, que entra en la comunicación audiovisual, y yo periodismo. Fuimos a informarnos de todo, pues ante todo queríamos asegurar un futuro sólido. Aun nos quedaba la selectividad. Pero en nuestra ciudad la haríamos de diferente manera que en España, pues el nuestro era un caso un tanto especial. Normalmente, se tarda un mes y medio en acceder a los exámenes de selectividad, pero nosotros lo haríamos en tres meses, en un horario raro y el examen era un poco más complicado. No solo haríamos nosotros los exámenes, sino que también lo harían más compañeros de nuestro piso. Preparamos todo, teníamos los libros en una habitación al lado de la nuestra, con un gran escritorio para estudiar los dos sin problemas, con dos sillas y bastante luz. También teníamos un gran archivador para poder organizarnos bien. Allí seria nuestro lugar de estudio.
Ya finalizado agosto, con los libros y ganas de estudiar comenzamos septiembre estudiando.
Tras dos meses, a falta de un mes para los exámenes, César me dijo que estaba muy preocupado por algo que ni el mismo sabía bien. Era cierto que estábamos estresados con los exámenes, pero esos días habíamos recibido varios mensajes al móvil y llamadas de parte de un número oculto que nos preocupaban un poco, bastante diría yo. Los mensajes estaban formados por letras raras sin orden y sin alguna explicación coherente, o al menos yo no la encontraba.
Una tarde, un poco cansados de estar en casa, fuimos al monte, al mismo monte que hace unos meses nos unió con algo más que amistad. Pero esta vez fuimos solos, puesto que María y Rubén se tuvieron que quedar estudiando porque habían empezado gg, pero por desgracia no fue así. Nos interrumpió el móvil de César, otra vez con esos raros mensajes… ¿Significaban algo? ¿Qué hacer ante aquella situación? César apago el móvil para poder seguir los dos juntos como previamente hacíamos. Pero César parecía algo preocupado, y a mí algo no me terminaba de encajar. Después nos fuimos a bañar. El agua ya estaba más caliente que la última vez, o esa era la sensación. Hacia un buen día y el sol brillaba aunque alguna que otra nube lo escondiera un rato de vez en cuando. El cuerpo de César era perfecto, y él se reía cada vez que me perdía mirándolo…Bueno, el hacía lo mismo. Tras un buen rato bañándonos, salimos y nos acostamos en las toallas que previamente las dejamos juntas y extendidas. Con mi mirada fijada en él, le acariciaba. Se reía con cada tontería que le decía. Yo era la persona más feliz con aquella sonrisa… El tenía su mano en mi cintura, moviendo el dedo con un compás de amor que tan solo nosotros podíamos sentir. Se acercó más de lo que estábamos, y se puso encima de mí, nos besamos. Tras terminar la tarde entre abrazos, tonterías, y amor por todas partes, recogimos todo y nos fuimos a casa. Ya en el coche, encendí el móvil de César y a continuación y el mío. Su móvil tenía 4 nuevos mensajes, tan raros como los anteriores, con esas letras, números y signos en desorden. Cuando se lo dije a César, paró el coche en el arcén y con las manos en el volante y mirando al frente, trago saliva y me explicó lo que estaba sucediendo… El mensaje ponía lo siguiente: “IK - ÑZ - IXPVIYK - ÑZ - GK – QVÑ – V – YZXDN ``` LZNK – HVÑ – OZ – QPZ – GK – CVBVÑ ´´´´ “
¿Esas letras y signos tenían sentido alguno? César parecía tener la respuesta. Viendo mi gesto confuso, comenzó a explicarme:
-Veras Laura… La persona que envía eses mensajes tan raros es alguien a quien conocemos muy bien... Es una chica de nuestro edificio, pertenece a una especie de mafia o algo así, pero pocos de nosotros lo sabemos. Los mensajes son claras amenazas hacia mí. El sistema para descifrarlo es sencillo; por cada letra, se cuentan 5 letras hacia atrás en el abecedario, por ejemplo, amenaza sería VHZIVUV.- Hice con la cabeza un gesto afirmativo. Ahora entendía porque cada vez que César leía los mensajes parecía ausente, y no era precisamente por el desconcierto del contenido… - Si lo desciframos, el texto es el siguiente: “No sé cuando se lo vas a decir… Pero más te vale que lo hagas…” Se refiere a que te cuente lo que en realidad pasa… Todo ocurrió un verano, el verano de hace 3 años… Ángela – nuestra “compañera” que era la que enviaba los mensajes- se enamoró de mí, y me perseguía, diría que hasta me llegó a acosar. Me pidió salir varias veces, pero las rechacé todas, porque, siéndote sincero, tu ya me gustabas, y mucho…- Me acarició, subí mi mirada cabizbaja y mire que estaba destrozado. Su voz era firme y un tanto seria. –En el momento en el que se entero de que estábamos juntos, comenzaron los mensajes… Intenté explicártelo pero se me hacía muy difícil y estaba esperando el momento adecuado y sé que este no es el mejor pero he tardado mucho… Lo siento, debí hacerlo antes pero…- No le dejé continuar, lo abracé y le prometí que no le pasaría nada porque yo estaba allí para protegerle.
Llegamos a casa, apartamos los libros y nos dispusimos a anotar todas las opciones posibles para solucionar aquel gran problema que teníamos encima. Las opciones eran diversas, y algunas disparatadas, quizás. Comenzamos a tachar las incoherentes, las que no eran muy buenas y las que no nos gustaban. Quedaban varias sin tachar en aquel papel escrito con la bonita caligrafía de César. Una de ellas era la mudanza, pero es que allí estábamos perfectamente y podríamos desencadenar una persecución, cosa que no ayudaría ni una pizca. Otra, la más difícil pero la que con más posibilidades contaba era la de tenderle una especie de trampa. Sabíamos que nos iba a costar mucho y no sería nada fácil, pero tan solo pensar que podría salir bien y que volveríamos a estar juntos de nuevo y a salvo, nos daba fuerzas. Fue esa la que finalmente elegimos, apenados, pero sabíamos que era lo correcto. El plan no estaba del todo claro, pero este era el boceto: César quedaría con ella y se irían a dar una vuelta por la ciudad. Le diría que él estuvo enamorado de ella pero que no veía un futuro a su lado porque él sentía que no estaba a su altura porque ella era mucha mujer y se merecía a alguien mejor y que tarde o temprano, se daría cuenta de lo que es mejor para ella. Si, mentíamos un poco pero no le íbamos a contar la verdad, tan solo por precaución. Sabíamos que eso no era para nada suficiente pero teníamos un par de ases bajo la manga por si acaso. Le miré a los ojos y le abracé. El sol ya se había ocultado, y como César estaba algo preocupado, se sentó en el sofá a ver un rato la televisión mientras yo hacia la cena. Preparé la mesa y puse varias velas, el ambiente era sumiso, pero se notaba al mismo tiempo cargado de nervios. Tras cenar, recogí un poco la mesa con la ayuda de César y él comenzó una conversación.
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