-Mañana a primera hora llamare a Ángela. Supongo que ella me llevará a algún lado, espero que no sea ninguno de sus puntos de encuentro con sus “amigos”… Pero quiero que sepas que pase lo que pase, no dejaré de pensar en ti y hare todo lo posible para estar de vuelta. Nunca te lo he dicho, pero… Sinceramente has sido la mejor persona que he conocido. Cuando nos conocimos, tú pasabas de mí totalmente, no me hacías caso y todos los niños del barrio querían estar contigo, pero yo era el que más lo deseaba. Recuerdo aquel día en el que me caí del árbol en el parque, tú me viniste a ayudar y me ayudaste a sentarme en unos de los bancos. Fuiste corriendo a tu casa a por unas tiritas de colorines y me las pusiste en los rascazos. ¿Qué te hizo venir a ayudarme, si se puede saber?- terminó esa frase sollozando una tierna sonrisa.
-No te hacía ningún caso porque tú no eras como los demás. Te notaba como distinto y no era capaz de hablarte con normalidad… Pero cuando vi que te habías caído de aquel árbol, no dude ni un solo segundo en ir a ayudarte. Si, éramos muy pequeños pero me imponías. Conforme fuimos creciendo y conociéndonos, me di cuenta de que nunca había conocido a alguien así y que eras realmente muy buena persona, no dude ni un segundo en que siempre estarías a mi lado. No me equivoque en nada y me alegro de haberte conocido… ¿Te acuerdas de aquellas cartas que nos enviábamos?-
No me respondió a esa pregunta, tan solo asintió con la cabeza y sonrió. Dejamos todo como estaba y nos fuimos a acostar. Mientras me ponía una camiseta de propagada cuatro tallas mayores de la que yo uso, César me dijo que tenía las cartas guardadas en una cajita muy especial. Yo también le dije que guardaba en casa las cartas y todas las cosas que tenía de él… Ya estábamos en cama cuando sentí el cuerpo de César, me abrazó por detrás y susurro un, -Date la vuelta bombón…- Me puse encima de su perfecto cuerpo y me besó, me abrazó, me dijo muchas cosas bonitas.
Al día siguiente, llamó a Ángela y quedaron con un margen de media hora. Preparamos todo y revisamos el plan. En mi rostro se reflejaban unas lágrimas, y César me dio un caliente beso.
-No te preocupes, amor, toda saldrá bien, te lo prometo. No dejaré que te pase nada y volveré a tu lado en cuanto pueda. No quiero que te preocupes, yo estaré bien por ti, recuerda que te quiero más que a nada en el mundo.-Su voz tenía un tono de tranquilidad y tenía toda la razón del mundo…
Le dije que yo también lo quería. Cruzó el umbral de la puerta, se fue. Llevaba el móvil cargado de batería y una navaja plateada que le había regalado su tío por su decimo octavo cumpleaños. En dos días debería de estar en casa de nuevo, pero a pesar de todas las dudas, nervios e inquietudes, yo confiaba plenamente en César, ese niño que me imponía a tan corta edad, ese niño en el que siempre confié y ese niño que supe que estaría a mi lado para siempre.
Me senté en el sofá y encendí un rato el ordenador con el propósito de despejarme un poco. Me conecté y visité el perfil de Ángela, apenas se había conectado hace 20 minutos, pero ya estaba fuera de conexión. Nunca había revisado a fondo su perfil, puesto que no éramos muy buenas amigas y ella no se relacionaba con mucho, pero hoy lo iba a hacer. Era una persona bastante excéntrica y vestía normalmente de colores apagados, pero nada tan extraño como para desconfiar. Me llamaron la atención sus gustos musicales, no eran grupos muy conocidos, y eran del estilo rock & roll. Sin embargo, en sus bocks tenía fotos muy bonitas de paisajes y con muchos colores. Pero no quería pensar más en ese tema así que apagué el ordenador y me fui un rato a casa de Rubén y María, y les expliqué lo que estaba ocurriendo. Total, se iban a enterar de todos modos todo el edificio, y así me podrían distraer un poco. Ellos me dieron su apoyo, cosa que les agradecí mucho y les invité a cenar en mi casa y así también me harían un poco de compañía. Ellos aceptaron y comí en su casa, pase allí la tarde con su compañía. Pasé una tarde muy buena con ellos, me ayudaron mucho y nos reímos bastante. Después, subimos a cenar y estuvimos un buen rato hablando en el salón. Cuando se fueron, me acosté, pero me sentía sola…Tardé en dormirme, no quise mirar el reloj porque me desvelaría y pasaría la noche en vela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario